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Miguel Ramírez
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Entrevista

Félix Martin

Desde un pueblo de Venezuela al mundo, este guitarrista logró proyectar no sólo su música, sino también un nuevo y particular instrumento. Recientemente pasó por nuestro país presentando sus últimos trabajos, donde combina el metal con ritmos latinos.

Por Miguel Ramírez

Félix Martin

Todo empezó cuando era adolescente. Por alguna razón, para mí siempre fue más natural tocar tapping que tocar guitarra con fingerstyle. El tapping tenía más sentido para mí, porque podía usar una mano para tocar los power chords, y la otra para tocar la melodía. Desde el principio sentí que ese enfoque me resultaba más intuitivo. Así fue como empecé a tocar dos guitarras simultáneamente. Usaba dos guitarras de seis cuerdas, una colgada con una correa y la otra apoyada sobre una mesa. Con el tiempo fui desarrollando la idea de unir dos instrumentos en uno solo, que es el concepto que después se convirtió en el estilo de las guitarras FM.

Cuando me fui a Boston para estudiar en Berklee, empecé a construirlas poco a poco. Yo ya había diseñado varios modelos, pero los fui realizando de manera progresiva. Primero, una guitarra de catorce cuerdas, después otra de catorce cuerdas con cuerpo hollow body para jazz, también una de dieciséis cuerdas, otra de doce cuerdas, y distintos modelos con configuraciones especiales, como una de catorce cuerdas con un string setup de ocho y seis. La idea siempre fue crear un instrumento que me permitiera tocar melodía, armonía, líneas de bajo y elementos rítmicos al mismo tiempo, utilizando las dos manos de una manera mucho más independiente.

CONTROLANDO LAS NUBES

Yo quería comenzar FM Guitars desde aproximadamente 2013. Durante mis giras, mucha gente veía mis instrumentos, y quería tocar guitarras con ese mismo concepto. El problema era que yo trabajaba con luthiers individuales que diseñaban y construían instrumentos exclusivamente para mí. No podían simplemente fabricar otro igual para otra persona, y si lo hacían, el precio podía llegar a unos seis mil dólares por instrumento. Para una sola guitarra, es una inversión muy grande.

Cuando comenzó la pandemia, todas mis giras se cancelaron, y por primera vez en mucho tiempo, tuve el tiempo necesario para dedicarme seriamente a desarrollar la marca. Aunque la idea venía de años anteriores, FM Guitars comenzó oficialmente en 2021. A partir de ahí, la respuesta fue muy positiva. Mucha gente se interesó, compró las guitarras, y conectó con la idea de tener un instrumento tan diferente. Para mí fue muy importante poder transformar algo que originalmente había creado para resolver mis propias necesidades musicales, en una opción disponible para otros músicos. En lo que se refiere al músico que compra las guitarras FM, hay de todo. Algunas personas ya tienen mucha experiencia tocando tapping, otras conocen la técnica de manera básica, y también hay gente que empieza prácticamente desde cero. Creo que lo más atractivo para muchos músicos, es el concepto general del instrumento. Aunque todavía no sepan tocar tapping, se sienten motivados a probar algo nuevo y a explorar otras posibilidades. Las guitarras FM no están pensadas únicamente para un tipo específico de guitarrista. Cada persona puede encontrar su propia manera de utilizarlas.

En cuanto a mi set-up en vivo, normalmente llevo dos guitarras FM: la principal y otra como backup. La que uso principalmente es una de dieciséis cuerdas, que básicamente combina dos guitarras de ocho cuerdas en un solo instrumento. En cuanto a los efectos, casi siempre voy directo a la consola o al sistema de sonido utilizando una pedalera digital. Dependiendo de la situación, puedo usar una HX Stomp de Line 6, una Line 6 Helix o una Quad Cortex Mini. No soy demasiado exigente con una pedalera específica. Mientras pueda obtener un buen sonido y resolver lo que necesito para tocar en vivo, puedo trabajar con distintas unidades. Para mí, lo más importante es la música, y que el equipo sea práctico y confiable.

TRAMPA DE TRUENOS

Normalmente me siento a improvisar mucho con el instrumento. Suelo grabar ideas con mi iPad y filmarme mientras toco. Cuando aparece algo que realmente me gusta, grabo un video corto para no perderlo, me aprendo bien la idea y empiezo a practicarla.

Después llevo ese material a Pro Tools y comienzo a desarrollarlo. A veces la idea se convierte bastante rápido en una canción, y otras veces tengo que trabajar durante días para encontrar la dirección correcta. También hay momentos en los que aparecen varias ideas buenas en unas pocas horas. En general, mi proceso consiste en pasar mucho tiempo con el instrumento. Si estoy inspirado, las ideas salen con más facilidad; si no, tengo que seguir buscando y experimentando hasta encontrar algo que me convenza. La improvisación es una parte muy importante de mi manera de componer. En mi último disco “The Gathering”, yo grabé todas las guitarras. Joan (Torres) grabó el bajo, pero antes le envié una línea de bajo que yo había programado o grabado como referencia, para que pudiera entender exactamente cuál era la idea y hacia dónde quería llevar el instrumento. Con la batería también trabajo de una manera bastante detallada. Escribí y programé todas las partes utilizando librerías, principalmente Superior Drummer. Después les envío a los bateristas los stems, y muchas veces también un video en el que se ve la batería de la librería tocando la canción.

De esa manera pueden escuchar y ver con claridad los ritmos, los acentos, y todos los detalles que necesito. Después, el baterista estudia esa información y la interpreta de una manera más orgánica y real.

ATRAPANDO SUEÑOS

Desde hace muchos años quería hacer música latina, especialmente música afrocubana, cubana, y basada en ritmos tradicionales. Cuando hablamos de música latina, muchas veces pensamos en la salsa, la música cubana, y otros estilos relacionados con esa tradición.

Siempre quise combinar esos ritmos con mi manera de tocar la guitarra, y con elementos del metal. Ya había experimentado con esa idea en algunos temas, y también había grabado una versión de “El cantante” de Héctor Lavoe. En esos trabajos había incorporado algunos ritmos latinos en secciones específicas, pero todavía no había hecho canciones completamente originales construidas alrededor de esa combinación. Lo que realmente me permitió desarrollar esta nueva serie de singles -“Merenguecore”, “Rumbacore”, “La llorona”- fue aprender a escribir y programar baterías. En la música latina, la percusión es fundamental. Así que sentía que tenía que entenderla mucho mejor para poder fusionarla con el metal de una manera auténtica.

Durante aproximadamente dos años estudié latin drumming, y trabajé en la escritura de ritmos latinos para batería. Todas las baterías de mis últimos cuatro sencillos las escribí yo, y también escribí las baterías del próximo disco de música latina. Ese proceso fue lo que me permitió expresar mejor la conexión entre la música latina tradicional, y mi lenguaje dentro del metal progresivo. “Oni Kid 33”, por ejemplo, surgió a partir de una idea inspirada en líneas de bajo de salsa, latin fusion y latin jazz. Tomé ese tipo de líneas y las adapté a un lenguaje más cercano al metal, el rock y la música progresiva. La canción tiene aproximadamente tres partes diferentes. Después se vuelve más metalera, e incorpora también algunos elementos electrónicos, además de distintas melodías. Creo que se diferencia mucho de mis trabajos anteriores, porque nunca había utilizado de esa manera las líneas de bajo provenientes de la salsa.

También, es una canción con muy poco virtuosismo en comparación con otras cosas que hice. No tiene solos como tales. Tiene melodías y partes lead, pero no está construida alrededor de un solo de guitarra. La canción se enfoca más en el concepto, en la melodía y en la combinación de estilos. Me gusta mucho tocarla en vivo, porque tiene una energía distinta y representa bastante bien la dirección que estoy explorando actualmente.

REUNIENDO PIEZAS

Llevo tantos años haciendo música instrumental para guitarra, que a veces me cuesta identificar qué es exactamente lo más difícil de este género. No sé si hay una diferencia tan grande entre componer música instrumental o música con voz. Quizás lo más difícil es no ser demasiado perfeccionista. El perfeccionismo puede ser algo positivo, pero también puede convertirse en un obstáculo. A veces uno tiene que dejar de ser tan insistente con cada detalle, y permitir que las cosas fluyan de una manera más natural.

Los guitarristas solemos ser muy técnicos, y en ocasiones terminamos estresándonos por cuestiones bastante pequeñas. Hay que aprender a reconocer cuándo un detalle realmente mejora la música, y cuándo simplemente estamos complicando las cosas innecesariamente.

Tocar estos temas en vivo con un trío requiere mucha práctica, y también es fundamental contar con músicos muy buenos. Músicos que entiendan la música, y estén dispuestos a estudiar los ritmos latinos en profundidad.

La parte más desafiante suele ser la batería. Un baterista puede ser excelente técnicamente, pero si no tiene experiencia tocando música latina, hay que enseñarle los ritmos y la manera correcta de interpretarlos. La música latina no consiste simplemente en tocar un patrón. Hay que entender el lenguaje, los acentos y la relación entre la batería y la percusión. Por suerte, nuestro bajista es dominicano y puertorriqueño (Joan Torres), y tocó música latina durante toda su vida. Él ya tiene una comprensión muy profunda de esos ritmos. El baterista es estadounidense (Nic Kubes), y al principio me costó un poco enseñarle los ritmos de merengue y otros elementos latinos. Pero es un músico excelente, y después de estudiar y practicar, logró entenderlos muy bien. En definitiva, tocar estos temas con un trío requiere mucha preparación, mucha comunicación entre los músicos y bastante ensayo. Pero cuando todos entienden el lenguaje, la música comienza a fluir de una manera muy especial.

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